Kurt
caminaba por un terreno yermo y baldío, envuelto en húmedas nieblas
fantasmales que se cerraban sobre él. No se acordaba de nada de lo
que había pasado, ni sabía donde estaba, ni qué hacía, ni donde
se dirigía. Estaba muy mareado y con un dolor de cabeza intenso.
Cada
vez se sentía mas cansado, adolorido y le costaba respirar. Poco a
poco, empezó a respirar con normalidad. No se creía capaz de
continuar avanzando, así que se quedó tendido en el suelo hasta que
dejó de sentir el dolor en su cuerpo, en medio de la nada.
Cuando
despertó Kurt se sentía mucho mejor. Se encontraba en un lugar con
muchos árboles grandes y con un clima caluroso. Había desaparecido
aquella densa niebla y ahora el sol brillaba mas que nunca.
Tenía
la boca muy seca y tenía mucha hambre, así que, se levantó
intentando saber donde podía estar.
Al
ver que se encontraba en un lugar despoblado con mucha vegetación,
empezó a andar en busca de agua y comida.
Al
cabo de una o dos horas andando, empezó a oír un leve sonido de
agua. Cada vez se escuchaba mas y mas fuerte. Corrió en la dirección
del sonido y por fin encontró una cascada que debería medir unos
tres metros. Allí pudo beber sin ningún problema, se refrescó la
cabeza y se quedó absolutamente quieto. De pronto notó la presencia
de algún animal o de alguna persona detrás suyo que la miraba. Se
giró lentamente y se encontró con unas personas que al parecer se
encontraban en la misma situación que él.
Era
el conductor de un avión que se había estrellado cerca. Kurt llegó
a la conclusión que él iba en ese avión y sin saber como, él,
junto con aquellas personas habían sobrevivido al accidente.
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